Ciclofobia

A doña Cleta le gustaba que la montaran y que giraran sus dos ruedas. En las mañanas de frío el manubrio se congelaba y su cadenita pedía grasa para resbalar. Vacilaba entre los automóviles y coqueteaba con los peatones.

Era impaciente. Odiaba parar y sentirse abandonada. Algunos días esperó sigilosa a que la montaran, junto al poste de un bar, en el tronco de un árbol de Reforma o cualquier esquina de las calles del Centro Histórico. Hoy se fue con el primer ladronzuelo  que rompió su cadena de seguridad. Pero vendrán dos más y se volverán a ir.

Me han robado tres bicicletas en el mismo cuadro de la ciudad, en menos de seis meses. He sido necia y he seguido pedaleando. Ya mi amigo Homero lo mencionó aquí  Hay que denunciar. 




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