Gerontofobia
Por tercera vez, he arrancado los tres cabellos blancos que insistentemente coronan mi cabeza desde hace unos meses. He empezado a usar crema antiedad y he perdido mi primer diente. El tercer piso está a un paso. Además, ya no pierdo peso fácilmente, la circunferencia de mi cintura ha aumentado. Mis pies cada vez son más pesados porque mi circulación sanguínea corre lentamente. Me ha salido una verruga en el cuello y ya no puedo desvelarme dos días seguidos. El otro día me dijeron "señora" y según mi acta de nacimiento nací en los años 70's, qué otra señal para aceptar que he llegado a los treintas.
Cuando cumplí mi primer década me preocupaba mucho menstruar, esa era la señal de que ya era una mujer y dejaba atrás la niñez. El chico de la esquina hacia que me sonrojara y el lápiz labial de mi hermana mayor era mi objeto preferido. Me gustaba pararme el fleco y usar faldas cortas. Aunque aún jugaba a escondidas de mis amigas mayores con mis muñecas barbies. Un año después cuando cumplí once años me dio Escarlatina y también empecé a manchar mi pantaleta. Por fin, era una mujer. Recuerdo que mi papá me regaló unas rosas amarillas, nunca supe si por la Escarlatina o porque empecé a menstruar. De cualquier forma fue el primer hombre en darme flores para hacerme sentir bien y no para pedirme disculpas o impresionarme.
Mi amenorrea desde los once años ha sido constante por eso insisto que aún no soy mujer y sigo siendo una niña. En la segunda década empecé a jugar. Aquí llegó la diversión con el vodka, la fiesta y las cervezas.
Desde entonces, salgo a trabajar, estudiar y titularme. Rento un departamento, elijo los víveres que voy a comer, me lavo y me plancho mi ropa. Y pienso en el futuro, pero sin jugar con las muñecas, eso de cambiar pañales y darle el biberón al bebé, francamente no me convence aún. Por eso me pongo a dieta para tener una silueta flacucha y sigo usando ese lápiz labial que le robaba a mi hermana mayor.
Cuando cumplí mi primer década me preocupaba mucho menstruar, esa era la señal de que ya era una mujer y dejaba atrás la niñez. El chico de la esquina hacia que me sonrojara y el lápiz labial de mi hermana mayor era mi objeto preferido. Me gustaba pararme el fleco y usar faldas cortas. Aunque aún jugaba a escondidas de mis amigas mayores con mis muñecas barbies. Un año después cuando cumplí once años me dio Escarlatina y también empecé a manchar mi pantaleta. Por fin, era una mujer. Recuerdo que mi papá me regaló unas rosas amarillas, nunca supe si por la Escarlatina o porque empecé a menstruar. De cualquier forma fue el primer hombre en darme flores para hacerme sentir bien y no para pedirme disculpas o impresionarme.
Mi amenorrea desde los once años ha sido constante por eso insisto que aún no soy mujer y sigo siendo una niña. En la segunda década empecé a jugar. Aquí llegó la diversión con el vodka, la fiesta y las cervezas.
Desde entonces, salgo a trabajar, estudiar y titularme. Rento un departamento, elijo los víveres que voy a comer, me lavo y me plancho mi ropa. Y pienso en el futuro, pero sin jugar con las muñecas, eso de cambiar pañales y darle el biberón al bebé, francamente no me convence aún. Por eso me pongo a dieta para tener una silueta flacucha y sigo usando ese lápiz labial que le robaba a mi hermana mayor.
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