Cueste lo que cueste

Ahora sí, ya no habrá vuelta de hoja.

En la libretita china que me regalaste dejaré las hojas en blanco. Pondré ..., sí tres.

Porque me niego a poner el punto final sin haber escrito "la historia".

Esa historia que creímos que empezaba cuando me miraste y te miré. Cuando me besaste y volamos como faroles de papel china. Cuando entré a tu planeta, cuando me leíste La balada del café triste al oído, cuando le rendimos homenaje a Bergam, cuando comimos sushi en Reforma sin importar mi fobia por los roedores, cuando manejé más de tres horas para estar contigo una noche, cuando apareciste en mi vida y sin darme cuenta empecé a tocar la bataca.

En fin, fue un buen comienzo para una historia.

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