Diciembre me gusto pa' que te vayas
¡Snif! ¡Snif! El domingo 23 de diciembre, a las 5 de la tarde, tenía que entregarle las llaves de mi ex departamento al casero. Llevaba semanas y semanas pensado en empacar, en realidad creí que tenía pocas cosas.
Cuando llegué a Corona Boreal 114, hace tres años y medio, sólo llevaba una maleta con ropa, dos cajas de libros y discos, una bolsa de zapatos y muchas, muchas expectativas.
Ahora el saldo es blanco. Quedé tablas con mis ilusiones y confusiones, pero tardé más de 48 horas en sacar mis 11 cajas repletas de recuerdos, visitas, trabajos, compras, adornos, regalos, confesiones, poemas, guiones, investigaciones, apuntes, souvenirs, caprichos, sueños rotos, esperanzas, deseos, pasiones, frustraciones, traiciones y reflexiones.
Tuve que tirar, muy a mi pesar, tres bolsas con ropa vieja, amarguras, decepciones, plásticos, malos reportes, un viejo y oxidado burro de planchar, programas de teatro, trapos sucios, un mal pintado perchero, traumas, desconfianzas, humillaciones y decenas de latas de atún y verduras con caducidad vencida.
Jamás pensé que tuviera tantas y tantas cosas guardadas en ese cubo verde de 4x4 y menos que salir de él, sola, me fuera a causar tanta nostalgia y tristeza.
Dos de mis mejores amigas me ayudaron a guardar mis triques (Silvia, pasó la última noche conmigo y Luchis, resultó ser una experta en enrollar jeans y playeras). No quise que él me ayudara a guardar nada, me llamó al mediodía para desearme una Feliz Navidad.
Mis hermanos y sobrinos maratónicamente hicieron el embalaje de mis muebles en dos horas, porque el sábado me desperté a las 10:00 y al mediodía pasaba la mudanza. Al final creo que no me quería salir y postergué y postergué el desalojo. Si no fuera por la presión de mi hermano mayor, hubiera pasado una amarga Navidad.
Durante la tarde del domingo subí y bajé las escaleras varias veces con bolsas, cajas y ganchos con sacos, vestidos y chucherías. Despedirme de mi casero y vecinos, fue raro porque antes sólo crucé con ellos frases elementales, esta última vez las charlas se prolongaron y fueron más efusivas. Llené la camioneta con todas mis pertenecías y salí del departamento 12, en la Prado Churubusco, por cierto nunca me aprendí el Código Postal. Como nunca me aprendí su segundo apellido…
¡Ay José Alfredo cuanta razón tenías!
Acaba de una vez de un solo golpe
¿Por qué quieres matarme poco a poco?
Si va a llegar el día que me abandones
Prefiero corazón que sea ésta noche.
Diciembre me gustó pa' que te vayas
Que sea tu cruel adiós mi Navidad
No quiero comenzar el año nuevo
Con éste mismo amor que me hace tanto mal.
Y ya después que pasen muchas cosas
Que estés arrepentida, que tengas mucho miedo.
Vas a saber que aquello que dejaste
Fue lo que más quisiste pero ya no hay remedio.
Diciembre me gustó pa' que te vayas...
Cuando llegué a Corona Boreal 114, hace tres años y medio, sólo llevaba una maleta con ropa, dos cajas de libros y discos, una bolsa de zapatos y muchas, muchas expectativas.
Ahora el saldo es blanco. Quedé tablas con mis ilusiones y confusiones, pero tardé más de 48 horas en sacar mis 11 cajas repletas de recuerdos, visitas, trabajos, compras, adornos, regalos, confesiones, poemas, guiones, investigaciones, apuntes, souvenirs, caprichos, sueños rotos, esperanzas, deseos, pasiones, frustraciones, traiciones y reflexiones.
Tuve que tirar, muy a mi pesar, tres bolsas con ropa vieja, amarguras, decepciones, plásticos, malos reportes, un viejo y oxidado burro de planchar, programas de teatro, trapos sucios, un mal pintado perchero, traumas, desconfianzas, humillaciones y decenas de latas de atún y verduras con caducidad vencida.
Jamás pensé que tuviera tantas y tantas cosas guardadas en ese cubo verde de 4x4 y menos que salir de él, sola, me fuera a causar tanta nostalgia y tristeza.
Dos de mis mejores amigas me ayudaron a guardar mis triques (Silvia, pasó la última noche conmigo y Luchis, resultó ser una experta en enrollar jeans y playeras). No quise que él me ayudara a guardar nada, me llamó al mediodía para desearme una Feliz Navidad.
Mis hermanos y sobrinos maratónicamente hicieron el embalaje de mis muebles en dos horas, porque el sábado me desperté a las 10:00 y al mediodía pasaba la mudanza. Al final creo que no me quería salir y postergué y postergué el desalojo. Si no fuera por la presión de mi hermano mayor, hubiera pasado una amarga Navidad.
Durante la tarde del domingo subí y bajé las escaleras varias veces con bolsas, cajas y ganchos con sacos, vestidos y chucherías. Despedirme de mi casero y vecinos, fue raro porque antes sólo crucé con ellos frases elementales, esta última vez las charlas se prolongaron y fueron más efusivas. Llené la camioneta con todas mis pertenecías y salí del departamento 12, en la Prado Churubusco, por cierto nunca me aprendí el Código Postal. Como nunca me aprendí su segundo apellido…
¡Ay José Alfredo cuanta razón tenías!
Acaba de una vez de un solo golpe
¿Por qué quieres matarme poco a poco?
Si va a llegar el día que me abandones
Prefiero corazón que sea ésta noche.
Diciembre me gustó pa' que te vayas
Que sea tu cruel adiós mi Navidad
No quiero comenzar el año nuevo
Con éste mismo amor que me hace tanto mal.
Y ya después que pasen muchas cosas
Que estés arrepentida, que tengas mucho miedo.
Vas a saber que aquello que dejaste
Fue lo que más quisiste pero ya no hay remedio.
Diciembre me gustó pa' que te vayas...
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