Ella, él y yo

La historia de amor cambió. Ya no sólo somos tú y yo, ahora en cada narración existen ella.

Sí, pasa que la ves, sales con ella, la invitas a comer, a tomar café, le cuentas a medias tu vida, básicamente temas comunes (travesuras de infancia, vacaciones, películas y pasatiempos), te haces el misterioso, la buscas y te empiezas a meter en su vida. Te gusta.

Ella empieza a caer. Después de insistirle un poco acepta salir contigo. La citas son siempre en lugares poco concurridos: El café de los olvidados, La fonda de los recuerdos y El cine París. Cuando le hablas se sonroja, a veces no puede ni articular palabras, otras habla sin parar, está nerviosa y eso te atrae más. Ahora, tú puedes manejar y controlar la situación.

Mientras tanto yo espero, sí como todas las noches te espero. Y aunque empiezo a notar tus ausencias, lo ignoro.

Tú, estás más entusiasta. Te levantas temprano, empiezas a lanzar la pelota y hasta buscas un pasatiempo nuevo. Capturas cada escena que antes te parecía insigificante y absurda. Y poco a poco le sueltas frases vacías y acertadas... "Me gustas, te quiero... bla, bla, bla"
Al principio, ella desconfìa. Pero empieza a perder autonomía y aunque nunca te lo diga, aunque aparenta no estar contigo e ignorar todas tus propuestas, la haces tuya y la sabes tu más fiel simpatizante. Empieza a militar por tu causa. A partir de ese momento nunca más te va cuestionar, simplemente dejará que entres y salgas cuando quieras y cuando te sobre un poco de tiempo. Sin ninguna exigencia.

Mientras, yo observo y pienso que pronto se te pasara.

Ahora das el segundo paso. Empieza la seducción. Le pides prestada su escritura a Tomás Segovia y sacas tus mejores armas de Casanova.

La besas, le ofreces largas sesiones de besos, tu lengua empieza rozar sus labios suave y lentamente. La despojas de su ropa, poco a poco, y acaricias sus muslos, sus ingles, su vientre, sus senos... Y besas su terrible sexo... "hasta hacer que toda tú te enciendas como un farol de papel que flota locamente en la noche". Confirmado, ella es tuya.

Sin ninguna resistencia ella te ofrece toda la hospitalidad de su vientre, garganta y hasta sus vísceras. Los trozos de materia roja y gris de su cuerpo están en tus manos, amásalos y luego devóralos, tal como lo hizo Calva Zepeda.

Ahora su olor se mezcla con el nuestro. Empiezo a desesperarme e irritarme. ¿Me voy, te vas o se va?

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