Perdí el juicio

Y siempre me regocijé de tener mucho...
Siempre juzgo a los demás. Me encanta decirle a mis amigos que son bien machínes cuando tratan a su novia como si fuera un mueble o muy mensos cuando los miró babear por la chica más tonta del salón. Me gusta opinar cuando mis amigas están sufriendo por el guey más patán del antro: " pero si es un pendejo cómo te puede gustar". Juzgo y juzgo a los demás. Como si yo pudiera determinar lo que es bueno y malo, lo correcto y lo incorrecto, lo que les conviene y lo que no.

Sin embargo, por extrañas razones siempre me piden consejos pensando que soy juiciosa. Así le dije a una amiga que demandara al padre de su hija para que le diera pensión alimenticia, ahora el guey la odia y jamás le va perdonar que lo obligó a cumplir con su responsabilidad. Otra amiga en crisis matrimonial me pidió consejo y casi la orillé al divorcio, ahora regresó con su ex y creo que jamás debieron separarse. ¿Yo soy juiciosa? ¿O más bien prejuiciosa?

Con mi mamá fue peor porque toda la vida me la pasé juzgándola, ¿por qé nunca estás conmigo? ¿por qué no me conoces? ¿por qué nunca nos divertimos? ¿por qué tuviste tantos hijos? Y ahora ella me pide consejos a mí porque piensa que soy la más juiciosa de sus cinco hijos. ¿Yooooooooooo?

Pero si yo pierdo la razón fácilmente, no entiendo de razones nunca y enloquezco con unos besos y palabras lindas al oído.

Pero por fin, el viernes 7 de diciembre perdí el juicio. Con dos inyecciones de anestesia, para aflojar, un par de pinzas y la dura mano de un cirujano me sacaron el juicio. Lo conseguí, ahora no juzgaré más.

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