Sueño de una tarde en el Kiosco Morisco
Las mujeres se contonean alrededor del kiosco, mientras, ellos caminan en grupos de un lado a otro. Intercambian miradas.
Al centro, una marimba toca sones y algunas parejas bailan al compás de la música. Dispersos en la plaza los globeros, chicharroneros y vendedores de dulces, nieves y raspados pregonan sus manjares.
Una banca vacía, el vaivén de un balón.
El hombre con overol y tatuajes en los brazos se ahoga con un caramelo. Una pareja de ancianos se ríe como niños. Las pequeñas hojas de los árboles se atoran en tu cabello, otras caen en mi vaso y el resto tapizan el asfalto. El sol se empieza a ocultar.
"El atardecer reclama una mirada, se viste de durazno, de celeste, de zarzamora, de violeta, de tamarindo, cuenta historias, llama al amor, se funde con la ternura..."
Al centro, una marimba toca sones y algunas parejas bailan al compás de la música. Dispersos en la plaza los globeros, chicharroneros y vendedores de dulces, nieves y raspados pregonan sus manjares.
Una banca vacía, el vaivén de un balón.
El hombre con overol y tatuajes en los brazos se ahoga con un caramelo. Una pareja de ancianos se ríe como niños. Las pequeñas hojas de los árboles se atoran en tu cabello, otras caen en mi vaso y el resto tapizan el asfalto. El sol se empieza a ocultar.
"El atardecer reclama una mirada, se viste de durazno, de celeste, de zarzamora, de violeta, de tamarindo, cuenta historias, llama al amor, se funde con la ternura..."
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