Lágrimas sin película
Nunca había llorado en una sala que no era de cine. Pero hoy, después de dos semanas desorbitadas, a lado del hombre con los ojos más cautivadores que me hayan visto y la sonrisa chueca más contagiosa que he visto, mis lágrimas empezaron a rodar. Y ahora mis ojos continuan borrosos, el moco se me escurre y siento que la garganta se cierra.
Hace dos semanas nos encontramos en la estación del Metro Catalunya. En uno de los 4 ó 5 ándenes de esa parada, lo vi, entre cientos de personas, con sus dos maletas, esa chaqueta negra sin botones que tanto me gusta y su sonrisa pícara. Corrí a sus brazos y estuvimos besándonos varios minutos. Lo abrazaba, estaba feliz, mi corazón saltaba y mi cabeza giraba. Ese sentimiento que sembramos en unas semanas y estuvimos alimentándo varios meses aún existía. Tenía miedo de que no fuera así, de que la distancia hubiera hecho de las suyas.
Algunos días recorrimos la ciudad tomados de la mano. En la playa y la montaña nos deteníamos en cada esquina para mirarnos y juntar nuestros labios. Compartimos bocadillos en El Fidel, Els Quatre Gats y El Celta; sangría y absenta en La Ovella negra y El Marsella y charlas con amigos. Comentamos cuadros claroscuros del arte de Catalunya e hicimos paseos por mi jardín favorito. Además de las largas caminatas desorientadas por el Raval y la Barceloneta.
Hicimos planes, nos contámos secretos y hubo promesas.
Estos últimos meses estuvieron girando en torno a su llegada. Hoy a las 11:50 hs. salió un avión BCN-México. Odio las partidas, pero no se fue se quedo. Y sigue aquí conmigo, pero no lo puedo tocar y mis lágrimas siguen rodándo.
Hace dos semanas nos encontramos en la estación del Metro Catalunya. En uno de los 4 ó 5 ándenes de esa parada, lo vi, entre cientos de personas, con sus dos maletas, esa chaqueta negra sin botones que tanto me gusta y su sonrisa pícara. Corrí a sus brazos y estuvimos besándonos varios minutos. Lo abrazaba, estaba feliz, mi corazón saltaba y mi cabeza giraba. Ese sentimiento que sembramos en unas semanas y estuvimos alimentándo varios meses aún existía. Tenía miedo de que no fuera así, de que la distancia hubiera hecho de las suyas.
Algunos días recorrimos la ciudad tomados de la mano. En la playa y la montaña nos deteníamos en cada esquina para mirarnos y juntar nuestros labios. Compartimos bocadillos en El Fidel, Els Quatre Gats y El Celta; sangría y absenta en La Ovella negra y El Marsella y charlas con amigos. Comentamos cuadros claroscuros del arte de Catalunya e hicimos paseos por mi jardín favorito. Además de las largas caminatas desorientadas por el Raval y la Barceloneta.
Hicimos planes, nos contámos secretos y hubo promesas.
Estos últimos meses estuvieron girando en torno a su llegada. Hoy a las 11:50 hs. salió un avión BCN-México. Odio las partidas, pero no se fue se quedo. Y sigue aquí conmigo, pero no lo puedo tocar y mis lágrimas siguen rodándo.
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