Charo en la hoguera por amor

Le decían Charo, se llamaba Rosario Endrinal Petit, tenía 50 años. “Le encantaba pintarse, arreglarse y que le hicieran fotos".
Hace años, cuando era guapa y joven, dejó a su marido y a su hija para fugarse con un directivo francés de Pryca, donde trabajaba como secretaria. "Su familia nunca se lo perdonó. Cuando el francés la abandonó, ella regresó a Barcelona y todos le dieron la espalda".
Charo empezó a beber, a vagabundear y estuvo ingresada un tiempo en el psiquiátrico de Sant Boi. Su ex pareja se la llevaba los fines de semana. "Le gustaba ir a los restaurantes de playa a comer almejas", recuerda.
“Charo no era una mendiga. Era una señora. Con sus andrajos, sucia y sin dientes, esa mujer seguía siendo una dama”, dice él. Aquel desengaño amoroso del que nunca se recuperó la arrastró poco a poco a las calles del Raval, entre otros nómadas urbanos con los que compartía decepciones y fracasos, mientras bebían y arrastraban la cobija.
La madrugada del 17 de diciembre del 2005, a las 4:57 horas, cuando Charo dormía en un cajero de la calle Guillem Tell de Barcelona, tres chicos se acercaron y le lanzaron objetos, sólo por “hacer el tonto”. Luego vertieron en su cuerpo 25 litros de disolvente inflamable y prendieron fuego con un cigarro.
Entre llamas, Charo gritaba mientras su cuerpo se encendía. Unas horas después, murió en un hospital cercano, sola. ¿Quiénes fueron los culpables? ¿Los tres chicos que la quemaron viva o su ex pareja que la engañó? Esta semana juzgan a los chavitos, por lo menos les darán 28 años de prisión. ¿Cuál será la pena que pagará aquel que la traicionó? ¿Quién merecía la hoguera?
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