Fuegoooooooooooo!

Primero, encendió mis cigarros con su mechero. Luego, prendió cuarenta velitas en el corazón de la ciudad. Después, intentó alardear con el ocote para revivir las llamas de los troncos de cedro húmedos. Más tarde, sobornó al vigilante del mar para poder arder el Pacífico. También, encendió el calentador por las mañanas. Y al final, no apagó el fuego.

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