Marcha defectuosa

En la mesa estan los amigos de mis amigos que también resultaron ser cuates. Faltan otros. No hay Indio pero sí Victoria. El mesero nervioso apaga la luz y nos echa. Vamos a la siguiente cortina. A mitad de la calle, otro encuentro. Se unen a nuestro recorrido. Negociamos una mesa. Bailo con un cliente. Luego el padre que lleva al hijo a perder con una gorda brinda y brinda, mientras, su benjamín no deja de ver al hombre rudo sentado al final de la barra. Ellas sonríen. Brindamos. Todos charlan animosamente. Salgo a dar unas caladitas.

De pronto se abre la puerta, al fondo vuelan vasos, llueven golpes, se caen las mesas. Ella se le abalanza y los separa. ¿Qué pasó? "Me miró feo", dijo él.
Seguimos...? Arriba se sigue escuchando la música y el zapateado de las mujeres de piernas grandes.

(En algun momento de la noche, alguien me dijo que lo vio hace unos días en el mismo lugar. También yo lo vi aquí la última vez y pensé en los fantasmas de la ciudad.)

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