El amor en tiempos de influenza
Lo más triste de las epidemias es que te prohiben besar y saludar de mano.
Pero naaahhh, el otro día en la trastienda de una taquería escuchaba a un herrero: "prefiero morir de influenza que de hambre". Cuando se despide, se limpia la mano y me la ofrece, le doy un buen apretón para sellar las confidencias que me hace momentos antes.
Luego, llega un veterinario y me presenta a su hija. Se me acerca la rubia niña, titubeo, al final le doy un beso. Todos sonreímos nerviosos. Le aclaro "no tengo influenza".
En la fila de la tienda toso porque la saliva se atraganta. El señor de atrás se me aleja. Sigo tosiendo para ver si los de adelante se mueven y me dejan pagar rápido. No funcionó y nos reímos.
Veo con mis cuates y los abrazo. Algunos ni son tan cercanos pero ando terca con dar abrazos, besos y lengüetazos, como dice mi amigo Serge. Pocos se resisten y me evaden con una sonrisa.
¡Hummm! Ya no se qué va pasar. Pero da miedo acercarse a los otros. Si relacionarte ya es difícil ahora sin tocarnos. ¿Qué sigue? Tal vez será mejor que empecemos a organizar la huelga sexual, como le están haciendo las mujeres kenianas. ¡Ayyy no! Que ya no nos den más ideas...
Pero naaahhh, el otro día en la trastienda de una taquería escuchaba a un herrero: "prefiero morir de influenza que de hambre". Cuando se despide, se limpia la mano y me la ofrece, le doy un buen apretón para sellar las confidencias que me hace momentos antes.
Luego, llega un veterinario y me presenta a su hija. Se me acerca la rubia niña, titubeo, al final le doy un beso. Todos sonreímos nerviosos. Le aclaro "no tengo influenza".
En la fila de la tienda toso porque la saliva se atraganta. El señor de atrás se me aleja. Sigo tosiendo para ver si los de adelante se mueven y me dejan pagar rápido. No funcionó y nos reímos.
Veo con mis cuates y los abrazo. Algunos ni son tan cercanos pero ando terca con dar abrazos, besos y lengüetazos, como dice mi amigo Serge. Pocos se resisten y me evaden con una sonrisa.
¡Hummm! Ya no se qué va pasar. Pero da miedo acercarse a los otros. Si relacionarte ya es difícil ahora sin tocarnos. ¿Qué sigue? Tal vez será mejor que empecemos a organizar la huelga sexual, como le están haciendo las mujeres kenianas. ¡Ayyy no! Que ya no nos den más ideas...
Comentarios