El tatuaje
Pintarme una parte del cuerpo fue una decisión que me costó mucho trabajo tomar. Recuerdo que lo pensé varios años, mis padres decían que eso era de presidiarios, mis amigas que estaba loca que cuando me aburriera no me lo podría quitar tan fácil, el chavo con el que salía me insinuaba que era de gente ruda.
Un buen día me decidí. Ya tenía bien pensado que sería la diosa de la luna la que me pintaría en la espalda. Una buena amiga me acompañó a Tatoomanía. En el último momento, sólo el rostro de la mujer con cascabeles en las mejillas se imprimió en la piel.
El otro día llegó un señor como de 60 años. Mientras hablaba le vi un manchón de tinta en el brazo. Le enseñé el mío.
Dice que cuando tenía 11 años veía que llegaban los choferes de los camiones de frutas o refrescos a su pueblo. Estos corpulentos hombres tenían impresos en la piel tatuajes con imágenes de la Virgen de Guadalupe, el rostro de una mujer, cruces estilizadas, varias clases de flores e iniciales encerradas en corazones.
El chamaco investigó cómo se pintaba el cuerpo, compró tinta y una jeringa y se dibujó ¡mmmm qué será bueno! Pues una bandera, no, no no, se arrepintió y la tachó. Y así quedó en el brazo de este hombre que se arrrepiente fácil una bandera tachada. Qué, quiso mostrar su identidad con este dibujo o era la señal de que ya no quería ser mexicano, tal vez era la imagen más derechita que le salía en los dibujos.
Si me hubiera puesto toda la imagen de la Coyolxauhqui, tal vez me hubiera ido tachando una pierna, un seno, la mano...O igual con rayo láser me quitaba todo ese cuerpo desmembrado. Pero el arrepentimiento aún no llega ahí se queda y no lo borro. Como si fuera fácil borrar la historia.
Para qué, no se puede negar. Ahí está esa bandera en el brazo, aunque la tache o la quiera ocultar. Igual que mi Coyol en la espalda.
Un buen día me decidí. Ya tenía bien pensado que sería la diosa de la luna la que me pintaría en la espalda. Una buena amiga me acompañó a Tatoomanía. En el último momento, sólo el rostro de la mujer con cascabeles en las mejillas se imprimió en la piel.
El otro día llegó un señor como de 60 años. Mientras hablaba le vi un manchón de tinta en el brazo. Le enseñé el mío.
Dice que cuando tenía 11 años veía que llegaban los choferes de los camiones de frutas o refrescos a su pueblo. Estos corpulentos hombres tenían impresos en la piel tatuajes con imágenes de la Virgen de Guadalupe, el rostro de una mujer, cruces estilizadas, varias clases de flores e iniciales encerradas en corazones.
El chamaco investigó cómo se pintaba el cuerpo, compró tinta y una jeringa y se dibujó ¡mmmm qué será bueno! Pues una bandera, no, no no, se arrepintió y la tachó. Y así quedó en el brazo de este hombre que se arrrepiente fácil una bandera tachada. Qué, quiso mostrar su identidad con este dibujo o era la señal de que ya no quería ser mexicano, tal vez era la imagen más derechita que le salía en los dibujos.
Si me hubiera puesto toda la imagen de la Coyolxauhqui, tal vez me hubiera ido tachando una pierna, un seno, la mano...O igual con rayo láser me quitaba todo ese cuerpo desmembrado. Pero el arrepentimiento aún no llega ahí se queda y no lo borro. Como si fuera fácil borrar la historia.
Para qué, no se puede negar. Ahí está esa bandera en el brazo, aunque la tache o la quiera ocultar. Igual que mi Coyol en la espalda.
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