La sombra de mis recuerdos



Hace varios años, un librero de una Cúspide en la calle Corrientes, en Buenos Aires, me lo recomendó. Me vio tan despistada e indecisa escogiendo libros que cogió una novela de la mesa de novedades y dijo "esta te va gustar, tiene misterio y romance". Ese viaje lo hice con una de mis mejores amigas, en la víspera de una ruptura amorosa de una relación que duró varios años.

El libro estuvo muchos días como adorno en el banco de mi cama. Luego, entre la ruptura, la separación de bienes, el duelo y el olvido se enterró por ahí, en las repisas de mi librero.

Ahora resucitó del cementerio de libros y objetos olvidados que alberga la casa de mis padres. Entre todas mis cosas que esperan el momento de volver a tener un lugar. Lo rescaté. Llevo varios días leyendo la historia de Daniel Sampere, mi vecino en la Ronda Sant Antoni.

Inevitablemente he recordado mis días y paseos por las calles del Raval y el Barrio Gótico. Uno de mis profesores hizo una guía literaria basada en esta novelita y, según dicen, Zafón se sentaba en la Plaza del Pí a escribir esta historia barcelonesca.

Ya todos sabemos que es un bestseller. Creo que el librero de la Cúspide también lo sabía (o tenía la encomienda de venderlo y aprovechó mi despiste de guiri)y por eso me hizo comprarlo.

Al final esta epidemia hizo que lo leyera. Tal vez debí hacerlo antes de ir a Barna. Pero "pocas cosas engañan más que los recuerdos", como dice el buen Fermín, compinche del protagonista.

Mi romance terminó pero el misterio siguió, "hablar es de necios, callar es de cobardes y escuchar es de sabios", dijo el señor de la tocinería.

Con él aún tengo contacto, pero me costó varios años escucharlo. Hace unos días me dijo que estaba triste porque soñó... tons, me robé otra frase para animarlo "conserva tus sueños, nunca sabes cuándo te van a hacer falta..." Ya casi acabo la novela.

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