De la banda Las Goteras

De pronto, todo se nubló.
Entró al bar del Eje Central y divisó un cuerpo en la barra.
La imagen era borrosa. Un hombre de entre 30 y 40 años.
Todas las noches visitaba los bares y cantinas de la zona.
La silueta se fue difuminando hasta desaparecer.
Sabía que era necesario cambiar la graduación de las lentillas.
Esa noche decidió guardar las gafas en el bolso.
Hace algunos meses el médico le había advertido que el cristalino se empezaba a opacar.
Los acordes de ritmos caribeños entonaban El listón de tu pelo...
Tenía que prender todas las luces durante la noche para poder leer aquellos anuncios que llegaban.
Encendió un cigarrillo y se sentó en un sillón junto a él.
Se acercó tanto como pudo y empezó con el coqueteo.
Las luces del bar oscurecían aún más el escenario.
Por fin, sus miradas se cruzan.
Pronto, él le invita una copa.
¿Whisky o ron?
Vodka, no, no... mejor una cerveza oscura.
De cualquier forma todo se ve borroso.
Recuerda que en la bolsa trae el frasco con las gotas alemanas que debe de verter en cada ojo cuando la ceguera aparece.
Entrecierra los ojos para enfocar y lo mira.
La recomendación médica era hacerlo cada 6 horas, pero el ardor la estremece. La sustancia le quema la retina.
Las gotas del whisky y la cerveza se mezclan.
Charlan, cuentan chistes tontos.
Ríen.
Roza constantemente la mano sudada con su pierna.
Ella ya no ve nada más allá que un rostro con sonrisa chueca.
Él le confiesa que normalmente usa careta para trabajar.
Su cuerpo es corpulento, sus músculos están marcados.
Una ronda más de bebidas.
Las gotas de sudor empiezan a caer y mojar su camisa.
Acaricia su cabello despeinado, ella nunca lo sujeta ni utiliza laca.
Las horas pasan, las mesas empiezan a quedar vacías.
El mesero advierte que la barra va cerrar.
Aprovechan para pedir una copa más.
¿Quieres venir conmigo?
Sí, dice ella sin dudar.
A tientas, lo sigue.
Tomados de la mano, cruzan la plaza de los músicos.
¿Una canción para la dama, amigo?
Me vi, en sus negros ojos, y al despedirse, sentí la muerte
Tal vez, ya cambio su suerte, la mala suerte, que yo le di
Continuan caminando...atrás quedan las trompetas y guitarras.
Agitados, entran en el número 9 de la Calle Incas.
Ella no alcanza a leer, pero en el frente del edificio se anuncia el Hotel Moderno.
Son 80 pesos, aquí está la llave de la 52, dice el chico de la recepción.
Él la jala, ella tropieza con los escalones y choca con las paredes.
El olor a humedad, a cortina hedionda, a sudores inunda el espacio.
Entran a la habitación, todo está oscuro.

Hace unas horas, la policía encontró, en un hotel de la delegación Cuauhtémoc, el cuerpo lacio de un hombre. Estaba solo. Al parecer intoxicado.Su máscara desapareció. Las autoridades afirman que tienen un retrato hablado de la mujer miope que lo acompañó la víspera, formaba parte de una importante banda que se hace llamar Las Goteras.
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