Maldito insomnio

Me da, algunas veces. Cada vez es menos. Lo odio porque es en ese momento que me saltan un montón de pensamientos. Desde los más nobles hasta los más dolorosos. Pero él siempre me acompaña durante las horas previas a pegar el ojo. Seré una obsesiva, clavada y terca, pero qué le vamos a hacer, es lo que hay.

El otro día me preguntaban por él no supe qué decir. Aunque todavía me meto a leer sus letras chuecas. Y aunque he aplicado "el bloqueo", su IP se guarda en mi memoria RAM, en mi historial de navegación. Son como galletas virulentas.

Luego un amigo me muestra una foto de aquellos días juntos y se me revuelve la panza. Pero no puedo obligar a los demás a que lo eliminen de sus recuerdos que también son míos.

Otro amigo me cuenta que cuando lo vio le mostró unas fotos que guardaba en su teléfono y me pregunta ¿qué pasó? Le doy tres versiones:
La oficial. La real. La verdadera. Mi cuate se convence y acepta la real.
"Maestro, se fue a la ciudad de las niñas más lindas de México y tenía que buscar un pretexto para poder disfrutar de aquel paraíso".

Ahora tendré que buscar mi propio paraíso. Intentaré dormir unas horas.

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