Hasta la cocina

Cuando uno pregunta lo que no quiere saber, generalmente abre puertas. Puertas de lugares que conoces o de sitios en los que nunca has estado. Pueden ser habitaciones cálidas con grandes ventanales o mazmorras sin ventanas, cuartuchos de 3x3 o lofts de 500 metros.

Ahora ya no se si entrar o cerrarlas. Quería saber dónde estaba parada, pero ese miedo a caminar me paraliza. Si me meto, entro hasta la cocina. O puedo visitar la sala, sentarme en el sofá, verlo teclear, beber de su copa de vino e irme sigilosamente. No quiero agarrar la sartén por el mango, porque generalmente se me quema el arroz, me apodero, me envalentono, el ego me sube y luego a saco, me deja caer.

Comentarios

Entradas populares