Con zapatos de tacón las nenas se ven...


Tenis para caminar.

Llegó guapísima con su vestido rojo y sus zapatos altos, las pestañas rizadas, la boca perfectamente delineada y el cabello arreglado. El filósofo orgulloso la presentó frente a todos. Me giré para evitarla. A esa hora del día el calor me obligó a recogerme el pelo en un improvisado chongo, llevé los tenis viejos y los inseparable jeans, mi rostro pálido ya estaba enrojecido por los rayos del sol.

Por un momento sentí celos, todos mis complejos salieron frente a la espigada mujer. Debía disimular y ser amable. Le sonreí y me torció la boca. Ahora sabía que tampoco le agradaba. Él intentó confrontarnos. Seguí disimulando y la invité a participar en la historia colectiva. La chica hizo mueca y desplante.
- No me gusta escribir, dijo.
Él se sintió incómodo.
-¿Para qué trajiste zapatos altos?, le preguntó.

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