La soledad ya no hace falta
Hoy cumplió 66 años. Pero aún no cumple un año sin ella.
Mandé todo a volar: viaje, trabajo, textos pendientes, yoga y lección de acordeón para estar con él. Él sólo hizo tiempo para llegar.
Le cuento que todas las noches escucho una voz que le grita desde la calle. Yo me asomó y le digo "ya no está".
Luego fuimos al sitio que él quería, estaba cerrado. El vecino nos recomendó otro y la cortina estaba a la mitad cuando llegamos.
Caminamos y llegamos a "el lugar". Ese que siempre estuvo y despreciamos. Y bebimos, comimos (deje de ser vegetariana) y fumamos (dejo de dejar de fumar).
Y hablamos de la soledad, la mía y la de él, que es la misma. Le gusta y me gusta, así estamos bien. Al final me dijo: "veo que no te hace falta".
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