Gerascofobia. Las canas me dan ganas
Hace algunos años salió la primera. Sentadas en una cafetería, Pancha la descubrió y gritó:"Tienes una cana". Todo el salón se enteró, hasta yo que jamás había pensado en ellas. Al otro día la arranqué de un tirón. Y con el tiempo ya no era una, eran dos, tres...
Nadie las notaba, se escondían entre mis otros tres cabellos castaños.
Me resistía a usar un tinte. Finalmente fui con el nuevo peluquero y le exigí que pintara ese mechón y lo disimulara con unas lucecitas en la melena. Por un tiempo me olvidé del asunto.
Nadie notó las mechas de colores. 

Hasta ayer, cuando el barbón -con más mechas blancas en la cabeza y la barbilla que Santaclós- me la descubrió. El hombre cano me acariciaba el cabello, susurraba boberías al oído y de pronto alzó la voz sorprendido:"Tienes una cana".
Por segunda vez me recuerdan que el tiempo pasa y empezamos a envejecer.
Leo este artículo de la Loeza y me preparo para ser una viejita feliz.
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